Aumentos salariales y concepciones erradas

por | 6 / Jul / 2017 | Academia, Economía

Usualmente se piensa en la teoría como una suposición o algo que aún no está confirmado o que es susceptible de cambio. No obstante, esa es una mala definición de lo que es la teoría. Para hacer todo sencillo, puede explicarse la teoría comparándola con la linterna que llevamos con nosotros y que nos alumbra en medio de un espacio dominado completamente por la penumbra del cual no se vislumbra un fin. Es por eso que, mientras mejor sea la teoría, más podemos explicar la realidad. En otras palabras, mientras de mayor calidad sea la linterna, mejor podremos guiarnos a través de la oscura noche. Es por eso que tener una teoría clara de nuestro entorno no sólo nos permite comprenderlo sino tomar decisiones oportunas para plantear soluciones a los problemas. En este sentido, no hay nada más práctico que una buena teoría.

Era necesario mencionar la relación de la teoría con la práctica porque en diversas situaciones se observa que hay un énfasis en solucionar los problemas prácticos de la vida sin prestar atención a la definición de conceptos. Un caso particular, y es el que nos ocupa, es el salario o precio del trabajo. Empecemos por decir que el precio es un término de intercambio que tiene una realidad cuantitativa. Para que un término de intercambio pueda ser reconocido como precio, dicho intercambio debe realizarse voluntariamente entre dos individuos (el prefijo inter- hace alusión a “entre” o que participan al menos dos individuos por lo que un intercambio es un cambio entre al menos dos individuos). Volviendo al salario, este es el precio del trabajo puesto que A entrega sus servicios a B recibiendo algo a cambio que quedará sujeto a los términos que ambos negocien, esto es, se establezcan los términos de intercambio o el precio.

Puede que alguien pueda objetar que el salario no es un precio porque el trabajo no es una mercancía. Pues bien, aquí es oportuno aclarar la diferencia entre cosa, bien y mercancía. Mientras que la cosa es cualquier objeto externo sujeto a la evaluación de un individuo, el bien es la cosa que ha sido ya evaluada como algo susceptible de satisfacer una necesidad reconocida y de la cual se tiene la posesión de modo que efectivamente se pueda llevar a cabo su consumo. La mercancía, por su parte, es la misma cosa con la diferencia que no es usada para satisfacer la necesidad directamente sino que es intercambiada por otra mercancía (en caso que tampoco se use para satisfacer directamente una necesidad como el dinero) o por un bien subjetivamente considerado por el que lo recibe. El trabajo es un bien para el individuo si lo usa para satisfacer una necesidad de manera directa; por ejemplo, cortar un árbol para sacar leña y calentarse o cocinar una sopa. A su vez, el trabajo es una mercancía si lo entregamos a otro individuo que lo usa como uno de sus medios para alcanzar un fin (producir algo).

Ahora bien, cuando se establece un salario mínimo, estamos hablando del establecimiento de un precio mínimo o el control de un precio. Como en cualquier otro mercado, un precio controlado (ya aquí deja de ser precio toda vez que no son los individuos con sus negociaciones los que lo determinan y estaríamos en presencia más bien de una tasa) genera descoordinaciones y desórdenes en las interrelaciones humanas toda vez que impide la libre expresión de las valoraciones subjetivas que tienen los individuos sobre las diferentes cosas que se le presentan en su entorno.

¿Cuál es el fundamento de este control? Si el precio del trabajo debe ser fijado y controlado, ¿a cuánto debería ascender? Una vez planteadas estas preguntas, no sólo tenemos que recordar la teoría del valor sino los fundamentos en los que reposa la idea de la medida del salario. En este punto seré breve.

Con la publicación de La riqueza de las naciones de Adam Smith hubo un retroceso en la concepción que ya había del valor. Fisiócratas del talante de Cantillón o Turgot tenían muy claro que el valor es subjetivo y así lo sostiene Smith en Teoría de los sentimientos morales. Sin embargo, en su libro de 1976 extrañamente hace una separación del valor mencionando el valor de uso y el valor de cambio. Smith, así, sostiene que el primero viene dado por la utilidad y es subjetivo y el segundo por el precio y es objetivo. Tanto Smith como Ricardo intentaron buscar una medida del valor que fuera general y afirmaron que esa medida era el trabajo. Nació así la teoría del valor objetivo o del valor-trabajo. Llegados a este punto, ya no había nada para afirmar la Ley de hierro de los sueldos con la que Ricardo afirma que los sueldos tienden al nivel mínimo de subsistencia que necesita un trabajador para mantenerse y reproducirse.

Marx, como buen clásico y ricardiano, siguió muy de cerca lo que plantearon Smith y Ricardo sobre el valor-trabajo con la diferencia que éste afirmaba que el salario mínimo de subsistencia está determinado por el momento histórico y la cultura. Actualmente, ésta es la definición que se maneja del concepto de sueldo o salario. Es por esto que se escucha que el salario es deficiente porque no alcanza para comprar la cesta básica. A propósito, esta cesta está constituida por los productos que, en promedio, se consume multiplicado por los precios promedios de dichos productos los cuales son considerados necesarios para subsistir.

Con todo esto dicho, se puede ver que la concepción de salario mínimo no sólo es errónea por constituir un control de precios sino que se fundamenta en la teoría del valor objetivo o valor-trabajo la cual ha sido ampliamente refutada por muchos economistas.

A la luz de lo planteado y los problemas relacionados con el poder adquisitivo de los venezolanos, ¿cuál es la solución a todo esto? Bueno, lo primero que habría que hacer por su cercanía a la causa del problema es la desregularización del mercado laboral lo que implica reformar o eliminar aquellas leyes que constriñen y condicionan el campo de acción de los individuos para transar según sus propios términos. Seguidamente, habría que eliminar toda la estructura de subsidios alrededor de las relaciones laborales. Y, finalmente, y no menos importante, reducir el gasto público y con éste los impuestos lo cual es consecuente con la eliminación de la financiación de éste con la emisión de moneda y el pago de deuda con incrementos de las cantidades monetarias. Por supuesto, estas medidas no pueden llevarse a cabo de manera aislada pues deben estar acompañadas de la desregularización de otros sectores de la economía toda vez que ningún mercado funciona de forma separada de otros mercados.

En pocas palabras, la solución al problema salarial está en la eliminación de la intervención estatal en los asuntos privados.

 

 

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