¿Existe la consciencia de clase?

por | 11 / Jul / 2017 | Academia

La conciencia de clase no existe. Es un adefesio producto del método planteado por Marx. Primeramente, su método es historicista (socialismo como necesidad lógica o ley de la historia); también es colectivista porque se abstrae del individuo y, finalmente, es dialéctico porque resume la realidad social en dos fuerzas contrapuestas que se enfrentan en el plano material. Teniendo en cuenta eso, tal engendro como conciencia de clase toma sentido. Las críticas al término son las mismas que se hacen al método marxista en tanto en cuanto, como dije, esa cosa es producto del susodicho método. En resumen, los señalamientos son como sigue:

1.- El historicismo comete un error al considerar que la historia tiene unas leyes de ocurrencia y que el futuro está determinado por el pasado en una suerte de necesidad lógica, es decir, que el futuro es un porvenir y no un por hacer. Ciertamente que el futuro está determinado por el pasado si se comprende que son las acciones individuales las que traen consigo unas consecuencias particulares y que el resultado de la interrelación de las acciones individuales es el futuro el cual, dado lo dicho, es complejo, incierto y, por tanto, impredecible. Luego, no hay tal cosa como una necesidad histórica del futuro. El corolario para el término ‘conciencia de clase’ es que no existe una necesidad lógica para el proceso de acción humana.

2.- El colectivismo no se sostiene en tanto en cuanto su objeto de estudio no existe como unidad individual que tiene sus propias voliciones, deseos e inquietudes. Los colectivistas tratan los grupos sociales, la sociedad en general, como un único individuo que piensa, siente y padece. Es decir, antropomorfiza la masa colectiva. Este error es sumamente ingenuo puesto que la sociedad no actúa en el sentido en que si lo hace un individuo y, además, los fenómenos sociales tienen sus causas últimas en los individuos que si sienten, piensan y actúan. La sociedad, más bien, es el resultado espontáneo de la ejecución de una miríada de planes que llevan a cabo los individuos para estar cada vez en mejores condiciones. El corolario para la ‘conciencia de clase’ es que ésta no existe por cuanto una ‘clase’ no actúa como lo hace un individuo, no piensa, siente y padece como éste, ni siquiera es pensable hablar de un pensamiento único y esto incluye una conciencia única. Aparte de eso, Marx nunca explicó lo que entendía por clase y cuáles eran los parámetros para determinar en qué clase pertenecías sin mencionar las simplicidades que hizo al hablar de dos clases antagónicas (materia del siguiente punto).

3.- La dialéctica tiene sus errores desde Hegel, pero con Marx alcanzó cotas insospechadas al meterle el materialismo de Feuerbach con errores propios de esa corriente filosófica. El fallo de la dialéctica está en la simplificación que hace de la realidad y de la social en específico. El ser humano es sumamente complejo con una vasta estructura de deseos, necesidades e intereses. Luego, clasificarlos en dos clases es sumamente simplista e irresponsable. De hecho, Marx se voló a los artesanos que, para el momento en que escribía el Primer Tomo de El Capital aún existían y se contaban muchos. Simplemente los metió en la clase proletaria para dar su famoso discurso de la lucha de clases. El corolario para la ‘conciencia de clase’ es que ese término simplifica el problema social e irresponsablemente incita el conflicto en donde no lo hay.

Por todas estas razones es inaceptable usar el término ‘conciencia de clase’ y lo único que se consigue con su uso es la colaboración en la propagación del ideario marxista o lo que se conoce como marxismo cultural (legitimidad a las ideas marxistas).

La explicación a la idea de que la gente es más propensa a ser estatista está en la educación actual puesto que el programa de estudios necesariamente debe ser aprobado por funcionarios del Estado y al hecho de que son más los seres humanos que valoran la certidumbre y el bajo riesgo. Son menos los que pueden tolerar altos niveles de incertidumbre y alto riesgo. Ser responsable del propio destino es más aterrador que la idea de alguien que te protege, alimenta y resguarda. El reto que todos los libertarios y amantes de la libertad en general tienen es influir en los demás para que valoren su propia dignidad humana que, entre otras cosas, significa ser capaces de procurarse a sí mismos la satisfacción de sus necesidades sin que tenga que esclavizarse y seguir los designios de cualquier otro individuo o grupos de individuos con aires de superioridad y grandeza.

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